Recuperar el protagonismo
Publicado por manucci | 19 Dic, 2009
La primera década de este siglo que acabados de despedir, ha sido un período de profundas contradicciones y cambios imprevisibles. Como cada inicio de siglo, las primeras décadas suelen marcar la transformación de paradigmas (científicos, tecnológicos, sociales, económicos, etc.) que definirán gran parte de las décadas posteriores. La crisis actual, con sus diferentes manifestaciones, no es una crisis del presente, es una crisis de futuro, es una crisis de trascendencia que nos deja atrapados en decisiones compulsivas que agrandan los problemas y profundizan los síntomas.
El final de la hegemonía del capitalismo financiero abre a una nueva brecha de incertidumbre sobre cómo se reorganizará el mundo tras el final del antiguo orden que separaba cada vez más lo productivo de lo financiero. Con esta crisis profunda de repercusiones en todo el mundo también se redefine gran parte de una estructura ideológica, metodológica y técnica orientada a sostener estos límites virtuales: desde los políticos hasta las universidades, las publicaciones, los consultores, los medios periodísticos, y muchos libros. Surge una redefinición de intereses y modelos económicos y sociales que nos lleva a paisajes inéditos y en muchos casos impredecibles. Hacia el pasado está claro el desarrollo desde la revolución industrial con actores y procesos claramente definidos y sus consecuencias. Hacia adelante, un nuevo ciclo está comenzando.
En este marco, recuperar el protagonismo no significa convertirse en hombres de repercusión pública y de magnitud económica, política y social. Recuperar el protagonismo significa tener capacidad de decidir, poder elegir en el presente (conectado y en sintonía con los acontecimientos), tener capacidad de crear alternativas y circunstancias posibles de desarrollo.
Un sistema humano se enferma cuando pierde su capacidad de decidir. Cuando la pierde o la abandona. Cuando un sistema humano (persona, grupo u organización) pierde el sentido de trascendencia, un síntoma comienza a decidir por nosotros y toda la vida se ordena en base a él y gira en torno a ello. Los síntomas pueden ser físicos, psicológicos o relacionales y conforman la manifestación emergente de las dificultades de interacción porque falta un sistema de referencia. El síntoma es una interfaz de supervivencia que permite mantener el contacto y la interacción de cada sistema con su entorno sin modificar su estructura. Esta carga de disfuncionalidad se concentra en un síntoma. Por ello, para lograr un estado de conexión y decisión en el presente es necesario definir un marco de referencia para nuestras decisiones. El futuro aparece como una definición trascendental, un rumbo en función del cual cada uno va definiendo y diseñando sus circunstancias de vida, sea personalmente, grupalmente o corporativamente.
Es muy difícil transitar las turbulencias de este un momento histórico inédito sin un significado transcendente. Cuando la organización no define una imagen de futuro, queda atrapada en los saltos del devenir, encerrada en una ilusión de estabilidad o en la paranoia de la anarquía. Muchas organizaciones tienen un devenir exitoso pero un futuro dudoso en tanto solo viven más allá de una dimensión ética presionando sobre las posibilidades de su entorno para obtener resultados inmediatos sin reparo de los costos que ello implica. Solamente acumulan y se agrandan, pero esto no significa crecimiento, ni mucho menos garantiza permanencia. Al abandonar el futuro, por ignorancia, impotencia, desidia o impunidad, se abandonan las posibilidades de desarrollo y crecimiento. Una persona sin futuro asume cualquier presente a cualquier costo.